Poesía

by Carmen Moreno
Plano Urbano Carmen Moreno

Plano Urbano

Plano Urbano (Quorum, Cádiz, 1996)

Accésit Premio de poesía José Manuel García Gómez 1996

Carmen Moreno se centra en la ciudad de Madrid, en el asombro y en la impresión que le causa la visita de la capital de España. Como toda geografía representa el escenario apropiado para encontrarse uno consigo mismo, con esos focos que alumbran el túnel del camino. En Plano Urbano la tarde camina directa hacia la oscuridad entre los escombros de un nombre perdido entre las calles de Madrid llamado Anwar que en árabe significa la luz. La luz se pierde entre las sombras de la tarde para caer rendida bajo el misterio de la noche, bajo el embrujo de las luces de neón. Recorre la melancolía de sus bares y de sus sueños donde el tiempo se hunde entre la miseria de las sombras. El caballo de Troya se confunde entre jeringas, entre la niebla espesa de las drogas en una periferia abandonada por los hechizos de la mitología. Se adentra en esos submundos en los que sale a flote la miseria de nuestras vidas. No hay fondo para el mar en el infierno, en el abismo de los espejos. Anwar recorre las tinieblas de la madrugada en busca de sí mismo. Mientras exista vida, no habrá oscuridad que le asuste entre los recovecos de la noche sin la luz de las mañanas y con la luz de cuerpos extraviados. En este clima Holofernes pierde literalmente la cabeza por amor y Judith sale victoriosa en ese episodio bíblico donde el paraíso derrama los pétalos de fuego de unos labios incapaces de escapar de ese incendio.

Carmen Moreno Pérez nada entre las aguas procelosas del Estrecho, al mismo ritmo que el paso del tiempo se entretiene entre el tacto ardiente de unas medias y la desnudez de unas faldas cortas. Los locales nocturnos se convierten en los refugios de las almas en pena donde el pecado de la carne combate al diablillo inquieto de la soledad y el alcohol juega a ser adulto. Se sumerge entre las cenizas de la pasión: Autores que redactan con saliva / la historia de su amor a un cuerpo, mientras un hombre se sacude el peso de la vida.

El cuervo es tan sólo la noche que bate sus alas entre los silencios del olvido. Las moscas de la noche deambulan siempre sin darnos descanso: Sale el sol y comienza el mundo. Y llega la luz de la esperanza, la luz de un amanecer a confundirlo todo, a cegarnos al fin donde la banda sonora de la vida nos deja a Anwar escuchando a Jacques Breal con el lamento triste de: un no me dejes.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)

Sombra mía

Sombra mía (Sevilla, 2000)

En el preludio la música arranca en sus primeras notas sobre el temblor del verso para vencer al demonio del olvido. El tiempo cae derrotado ante el murmullo eterno de una sinfonía como sueño en fuga de unos dedos que amenazan la supremacía de los dioses: y esperar / que no haya en el Coliseo más muerte que la del tiempo.

Como gota de lluvia que interpreta su propia melodía, así canta la palabra en el poema. Son diálogos que el poeta establece consigo mismo. Es la música clásica charlando con Beethoven. Mozart despierta entre las brumas del pasado. El poder se pierde de tanto tomarlo, se escurre de nuestras manos en el momento en el que nos consideramos más ágiles que el tiempo. Los dioses afrontan el inconveniente de no saber qué hacer con tanta inmortalidad. Sombra mía supone un homenaje a la música por cuyas bambalinas desfilan canciones y cantantes, letras y notas: He aborrecido a los dioses / porque han negado, necios, el poder de la música; / he amado y sobrevivido al amor.

Carmen Moreno recrea una poesía más apta para el oído que para la vista. Bebe de los orígenes de la lírica cuando ésta era acompañada por un instrumento musical, conserva la esencia de los juglares que no se sienten autores, sino actores que se entregan a su público, pues la poesía es comunicación que no termina hasta que los versos escritos llegan a oídos de los lectores. Los escenarios de la nada se desbaratan con la llegada del amanecer. ¿Las sombras pierden el cuerpo al que pertenecían o son los cuerpos quienes dejan de lado a sus sombras? La soledad de la multitud late en la conciencia de muchos y uno sólo pide no estar solo en esos momentos. Necesita una canción de cuna para matar el tiempo, para atar en corto el mundo fantasma de las nostalgias. En el viento quedan suspendidas las nubes de la lira como frutos ahorcados en las sogas de las ramas. El amor sólo se explica en torno a las paradojas, se pierde entre la esperanza y resucita en manos del olvido: [Del olvido aprendí el recuerdo (…) / y cuanto más olvido más te amo.] [Es eterna la espera del que ama. / Será también eterno el día que me quieras.]

Sobre la piel quedan grabadas las huellas del tiempo, el eco torpe del futuro donde el amanecer se empaña entre las sábanas puras de la niebla. El peso de las horas se refleja en el espejo de un cuerpo al que: “ya nadie le roba besos”, y el engaño se identifica con la figura de Judas. Así regresa el otoño con las hojas esparcidas por las grietas del ánima: Y las palabras vagos soplos de memoria. / Cuando al alma no le queda más que telarañas / las sombras se sacuden el tiempo.

Sombra mía recoge los pétalos moribundos de la infancia como paraíso perdido a la vuelta de la esquina: Recuerdo el corazón repleto / apenas sin cuerpo y / una niña danzándome en los años.

Al final uno se pasa la vida persiguiendo sombras que antes fueron luces.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)

La Tregua de la piel Carmen Moreno

La Tregua de la piel

La Tregua de la piel (Diputación de Cádiz, Cádiz, 2004)

En el preludio Carmen Moreno da rienda suelta a la memoria de una piel quemada a fuego lento, a cada instante de aliento, cuyas cicatrices dejan constancia de otro tiempo, cuyas huellas temblorosas en la carne nos recuerda que no hay olvido.

1.- El dolor.

El dolor de la ausencia nos deja en vela durante la noche con la esperanza de que las alas del amor recorran de nuevo los escenarios de la huida. La vida duele tanto que a veces nos cuesta un esfuerzo terrible soportarla, vivirla con la intensidad propia de las cicatrices: [Temer lo que no se ve]. [Construir un futuro que acabe en ti].

El bálsamo de los sueños nos mantiene con vida en este mundo en el que las heridas se incrustan en nuestra alma sin que podamos hacer nada. El fuego sin el hielo no es nada, corazones de nieve que arden en llamas. Uno debe estar dispuesto a morir por la caricia torpe del viento entre los dedos de una brisa juguetona. El dolor no es tan malo como la sensación de no haber vivido con intensidad nuestra vida a pesar de los miedos.

2.- La piel.

Uno se siente vivo en el resquicio de unos labios, en la promesa de habitar otro cuerpo. Uno concibe el amor con el temor de que extienda sus alas para siempre y no queda rastro alguno salvo del silencio, de una sal que la marea ha dejado en su camino a modo de huellas insobornables: O una mano que se arrodilla / cuando de la garganta / nace muerto el olvido.

La vida se sostiene entre los barrotes de la soledad y las ventanas abiertas del futuro. Nos habla de un amor que se intuye, pero apenas aparece. El amor es el único motor que nos permite permanecer de pie. El cuerpo y la piel son los silencios más preciados.

3.- La tregua.

La tentación de la entrega es la única salida airosa que encuentra el hombre en esta vida de dolor y de cuerpos. Al menos espera oír la palabra tatuada en el corazón de la piel. Busca la sed de unos labios. El amor aprende a vivir bajo el auspicio del fracaso, bajo el amparo de la superstición, y si te quedas, la vida merecerá la pena.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)

Asfalto Bíblico Carmen Moreno

Asfalto Bíblico

Asfalto Bíblico (Aristas de Cobre, Córdoba, 2002)

Las lecturas se escriben bajo el espíritu crítico de su adecuación a la realidad. Carmen Moreno Pérez se adentra en el libro sagrado como homenaje al poso de cultura que nos ha legado la historia. Comienza con una versión peculiar del génesis donde el corazón no sabe de ciencias, sino que conoce el dolor del sentimiento. El paso del tiempo se nos escapa de las manos al igual que el goce de los pecados. La vanidad sube a escena en los placeres, en la sabiduría y en las riquezas. El amor se deja entrever en todos los aspectos de la vida. La sabiduría es una manera de amor como otra cualquiera. El amor no tiene edad y sigue latiendo mientras exista un mínimo resquicio de aliento, de vida: Huye de las malas compañías, / de las que son capaces de amar / a cambio de nada.

La mujer aparece como una manzana de carne y hueso bajo la advertencia de: no beses con el alma.

El hombre cae rendido ante el poder invencible de la seducción. El amor tiene sus propias dobleces y la brisa muere de amor ante la ausencia del amado. La Biblia corre hacia nuestros tiempos y los personajes bíblicos desfilan por este paisaje moderno entre semáforos y claxons: Juan Bautista, Jonás, Herodes, Judas. Finalmente se recrean epístolas o cartas destinadas a los sentimientos nobles del ser humano para acabar en el Apocalipsis. La vida está hecha para los que se rebelan ante ella, para aquellos que no se conforman con el tipo de vida que se les ha asignado.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)

Más que morir Carmen Moreno

Más que morir

Más que morir (Madrid, 2006)

Poemario dedicado a las mujeres que sufren malos tratos. Saca su título de unos versos de Alfonsina Storni y está montado como si fuera una partida de ajedrez. Como colofón tiene un relato sobre el mismo tema. Fue publicado por el PSOE algunos años antes de que se fundara el Ministerio de Igualdad.
Como el agua a tu cuerpo Carmen Moreno

Como el agua a tu cuerpo

Como el agua a tu cuerpo (Vitruvio, Madrid, 2009)

Lo hermoso de ser humanos es que cada uno de nosotros contiene en su esencia una forma de interpretar el amor. La de Carmen Moreno (Cádiz, 1974) tiene un sutil aroma marinero que se sumerge, juguemos con el leitmotiv elegido por la brillante poeta, en las profundidades de una óptica cercana por la intimidad que transmiten sus versos, cercano recogimiento en la agridulce búsqueda, individual y compartida.

El punto de partida es terrenal, efímero y refleja una angustia existencial que es pura sinceridad de la voz poética, entregada a su pasión mirando hacia atrás sin ira, pero con la conciencia de quien conoce su recorrido y le da importancia sin contar con la Historia, hada cruel que no puede determinar una relación. El tiempo por delante está marcado por la vivencia sentimental, el corazón latiendo y la voz interior en lucha por lograr el objeto de deseo, escurridizo y presente, dura antorcha que se enciende y juega con el viento para desesperación de la enamorada, tenaz grumete con dificultades para llevar la embarcación a buen puerto.

Los versos de Carmen Moreno destilan la aventura de la abnegación, de la posibilidad de amar desde posiciones de quien todo lo da y espera ser correspondido. Son constantes las alusiones al desequilibrio en el intercambio sentimental, cómo si la autora esbozara una épica del padecer con tenues intervalos de paz emocional; quedan noches de verano, quedan recuerdos imborrables y piernas entrelazadas como refrendo de unión que enganchan mar hasta que las olas retoman uno de los temas fundamentales de Como el agua a tu cuerpo: el miedo a dejarse llevar, la pasión reprimida, el reverencial temor, tan típico de nuestra época, a volar sin trabas para encontrar otro yo que complemente nuestra singladura vital, de la dualidad al uno indestructible. El egoísmo alienado de la posmodernidad lo expresó mejor que nadie Michelangelo Antonioni en su célebre trilogía de los sentimientos- L’avventura, La notte, L’eclisse- donde los personajes querían amar y no podían por culpa de los tiempos, más veloces que el hombre, estable en su secular coraza de costumbres y por lo tanto, sin saberlo, extrañado ante tanta transformación a su alrededor. Algo similar, no hemos cambiado en exceso en los últimos cuarenta años, se sobreentiende en los versos de la gaditana, quien, ungida de humanidad, lamenta, protesta y chilla ante límites superables que impiden la felicidad completa, por eso el devaneo, por eso la incertidumbre como tautología y el horizonte encapotado por mucho que brille el sol.

Pese a la división de las composiciones, sus títulos esconden una unidad musical más que evidente. Carmen nos explica sin tapujos y belleza lírica, siempre me acompañará el camino de arena que jamás guardó baldosas de revolución, la evolución de un romance, con punto y final cuando las notas tropiezan con el adiós y el ansía eliminadora del recuerdo para poder seguir hacia delante y emprender nuevas rutas dentro del mismo círculo que nos acompaña hasta la muerte. En este sentido cabe destacar la estructura del poemario, dividido en dos partes que ya con sus encabezamientos indican el devenir del romance, deseo encarnizado en la primera sección, mensajes que el mar devuelve, finiquito de dos, en la segunda, triste y sublime epíteto de una obra coherente e inusual por expresarse con voz atemporal que pasa de modas y muestra auténtica personalidad sin adornos innecesarios, pureza a flor de piel para un libro de primera magnitud.

Texto de la reseña publicada por Jordi Corominas i Julián en revistadeletras.net (ver)

Cuando dios se equivoca Carmen Moreno

Cuando dios se equivoca

Cuando dios se equivoca (EH Editores, Jerez de la Frontera, 2010)

El cristianismo predica que sólo podremos levantarnos tras el dolor, como si cualquier otra posibilidad quedara descartada de antemano. La vida nos enseña que la Iglesia no inventa de la nada, se basa en la experiencia y saca petróleo para asombrar al vulgo, cada vez más resabiado, convirtiendo ese dogma colectivo y transformándolo en camino individual a superar mediante una dura lucha interna que solventaremos enfrentándonos a nuestros propios demonios, bestias infames carcajeándose en su alianza con el contexto para dañarnos hasta la extenuación.

Carmen Moreno (Cádiz, 1974) es sin duda alguna una de las grandes poetas del actual panorama español, pero quizá le faltaba una colección de versos que impresionara a propios y extraños por estilo, valentía y pureza lírica. Lo ha logrado con Cuando Dios se equivoca, fantástica pesadilla que debe leerse como una sinfonía en tres partes, proceso vital, río engendrado al entender que el mal siempre acecha aunque le demos portazos, que ignora al ser una atmósfera cojonera empecinada en disturbarnos en un silencio que agrava el sufrimiento al interiorizarlo. Estamos ante la crónica de un viaje sin punto y final pese a tener conciencia de Pandora en el futuro.

“llegará un día el silencio

y habrá nacido para todos

un ser nuevo que reconstruya

la esperanza a dentelladas”

Y es que los relojes acaban por pudrirlo todo. La regeneración, extirpación de las lacras para sobrellevar la existencia, paseará por los mares de la neurosis y la esquizofrenia. En el primero afloran los miedos, el cuerpo se deshace despacio, no se bombea sangre y el principal temor es quedarse en la encrucijada, entre dos mundos, ni avanzar ni retroceder, cobardía agravada por la lucidez que implica la comprensión de un desagradable término medio, secuestro de un alma expresado en ágiles, desenfrenados versos que en cada palabra te asestan una puñalada al corazón por dureza de ambiente hospitalario y una irremediable oscuridad, túnel hosco que ni siquiera la madre- sabia de dar vida a la vida, luz popular- apacigua.

“en los estertores del desahucio

viven

los gritos de la oscuridad”

Las paredes agobian y encierran, el organismo lo es todo y el yo es nadie en su angustiosa plegaria de desdoblamiento. No hay absurdo, sino más bien un combate donde la autodestrucción lleva una lanza que bloquea el sendero de la transformación requerida. Se mencionan dos nombres que tanto pueden ser la expulsión de las fechorías divinas como la necesidad de otro ser, el propio u otro que complemente y pacifique, que indique el renacimiento en cualquier parte y aquí entramos en el resquicio de liberación, esquizofrenia trazada por la poeta asimilándose sobre todo al genial Hölderlin-Scarandelli, con lo que se asocia el proceso a una pacífica locura, pero locura al fin y al cabo que despedaza, encierra egos en un manicomio cotidiano. La superficie está presente, la lluvia cae, acaricia, se desvanece y seguimos, como bien dijo Fabrizio De André, aspettando la pioggia per non piangere da soli, aunque a diferencia de su hermosa canción no tiramos bombas, sino dardos enfurecidos que se clavan en nuestra propia piel hasta que otra identidad prevalezca y olvidemos el martirio insertado en el circo de la posmodernidad.

“Se regala animal herido

que lame mano que le mata

que cierra los ojos y no quiere saber

de las voces que le dictan

un nombre que debió ser el suyo”

Salir del frío. Pensar en Inglaterra. Putas de Genet. El todopoderoso acompaña los andares del poemario, y ello comporta una normalidad sagrada en la voz poética que para hallar la llave de sus grilletes debe pronunciar un conjuro, manifiesto que conduzca a una redención desprovista de egoísmo porque quiere revalorizar la condición humana, mundo real. Seremos animales llenos de sombras, tendremos miedo. Sin embargo, la especie debe rebelarse, Nietzche tenía razón, y valiéndonos de nosotros mismos hemos de ser capaces de atisbar un nuevo horizonte que impulse el caminar que despoje la tristeza y haga brotar sonrisas. Somos el mito de la caverna, somos seres que tras la negritud del enfermizo subterráneo merecemos adaptarnos a la tierra para gozar de una prístina vocación para y con la vida, si bien Carmen Moreno, bruja cautelosa, conoce demasiado bien la amenaza como para lanzar un brindis al optimismo.

“yo quise escribir en las puertas

sin saber ni por un momento que el fuego

del que vive este infierno se alimenta de mí”.

Texto de la reseña publicada por Jordi Corominas i Julián (ver)

 

Moscú entre clavículas Carmen Moreno

Moscú entre clavículas

Moscú entre clavículas (Madrid, 2012)

Moscú entre clavículas es un poemario escrito a cuatro manos entre el madrileño Ángel Muñoz y la gaditana Carmen Moreno.

En este poemario se propone un viaje circular que comienza con la mirada a las guerras, las externas y las propias. Los ojos de Carmen Moreno toman prestados la voz de la poeta rusa Marina Tsvietaieva (Moscú, 1890). La segunda parte, Ángel Muñoz, toma el testigo de los poemas introspectivos y propone un descenso al centro del alma que agarra la mano del poeta y tira del lector a sus propios cimientos.

Relámpagos Carmen Moreno

Relámpagos

Relámpagos (LVR, Madrid, 2013)

El conjunto de poemas que conforman la colección de Carmen Moreno responden perfectamente a la definición del título. Versos centelleantes, hiperbreves, que provocan la luz y causan el silencio, como un relámpago, que levantan la tapa de los sesos, citando las palabras de Emily Dickinson que recuerda Ángel Muñoz Rodríguez en el prólogo.

El poemario se organiza en cuatro bloques diferenciados, París, Pasillos, Relámpagos Monroe y Rusia en un destello que aglutinan unos poemas cuya brevedad (enlazados en estribillos de tres o cuatro versos) linda con las fronteras genéricas e inserta la propuesta de Carmen Moreno de lleno en la encrucijada literaria del siglo XXI, en la que la hiperbrevedad se convierte en poética, como el relámpago en relato.

Los XXV relámpagos de París hablan sobre todo de desamor, del desgarro del yo lírico que ofrece destellos de un apagón. París es una reiteración geográfica que elige jirones de un vestido, que empieza con imágenes y deseos (“Tomarte la cintura / y trazar un vals en tus caderas”) y acaba en cadáver y perfidia, en la tiranía de los hombres y en el suicidio.

Por los Pasillos de la tercera parte asciende el lector en una escalera de hotel que encierra habitaciones con escenas diversas, como un collage coral que reúne en un edificio escenas de películas, estampas sensuales y críticas sociales (Habitación 666. “Y dijo el diablo: / Páseme con el banco central europeo”). En el ático termina la reflexión del individuo, con la soledad de una ciudad que vapea en un cigarro, con la necesidad de destruir al inquilino de habitaciones diferentes, como quien piensa encontrar el hogar.

Rusia en un destello cierra el poemario con estampas culturalistas que recuerdan San Petersburgo y buscan la intimidad de la historia. El hilo cambia, y ahora el sentimiento aflora en el frío de los libros y de personajes de otra historia, dejando atrás el yo testimonial para volver, como en los poemas sobre Marilyn, al yo histórico.

Una propuesta entera y directa, armada con precisión suiza, que deja entrever la madurez técnica de Carmen Moreno y conecta al lector con sus distintos universos. Cuatro partes que podrían haber conformado cuatro libros, entre las que destacan sin duda las propuestas de reescritura y asimilación del fracaso de Marilyn y las pinceladas culturalistas de Rusia en un destello. Como Relámpagos en la ventana, estos versos de Carmen Moreno. Léanlos.

Texto de la reseña publicada por Víctor M. Sanchis en amanecemetropolis.net (ver)
 

Irremediablemente. Deconstrucción Carmen Moreno

Irremediablemente. Deconstrucción

Irremediablemente. Deconstrucción (Ediciones En Huida, 2014)

No hay guerra que te deje más desnudo que el desamor y en esa soledad impuesta por las circunstancias el deseo pierde la batalla. Se queda sin campos de plumas donde ejercer su tiranía. No hay herida más profunda que las invisibles cicatrices que duermen entre los brazos de un corazón indefenso. No hay lágrimas más húmedas que aquellas que no salen a la superficie, que se balancean en el tejado sin redes de las pestañas, como un columpio que acuna los sueños perdidos de un niño. No existe aún esa memoria que renuncie al recuerdo en los instantes de debilidad. Hay un momento en el que el dolor acude al folio como un modo de desplumar la conciencia, de que se abra el hueco necesario para que podamos seguir respirando. La guerra de Troya es, en definitiva, la guerra que establece uno consigo mismo, de tal forma que siempre perdemos. Es así como hay que afrontar la vida, sabiendo a ciencia cierta que la felicidad es un remanso fugaz en una selva cargada de gritos.

Irremediablemente. Deconstrucción no sólo apunta al centro de una idea que se desmonta en sus unidades más pequeñas con el fin de que podamos presenciar en directo su ensamblaje, conocer a fondo el alma del poeta, sino que en ese proceso es imprescindible que nos salpiquen las contradicciones y ambigüedades del ser humano. Es llanamente la descripción de una persona. No es un ser plano, sino un carácter lleno de matices. En esa riqueza se sumerge de pleno el lector, se entrega el ser humano.

El libro supone el alejamiento de Cádiz hacia Madrid donde se produce el proceso de descomposición hasta el reencuentro con su ciudad natal, un viaje de ida y vuelta en el que conviven ese amor y ese odio al lugar que la vio nacer. El poemario nace en la raíz profunda del dolor, bajo una sensación de tristeza y de vértigo que se acentúa gracias a la ausencia de comas y a la escasez de signos de puntuación. La vida corre tan deprisa que a veces no tenemos tiempo para ajustarle las cuentas.

Carmen Moreno asiste a su propio entierro consciente de que le espera una nueva andadura y se pregunta si existe vida más allá del amor o si existe el amor más allá de la vida. Recrea una muerte tan ficticia como necesaria, un ejercicio de higiene gracias al cual puede arrancar las hojas de un calendario, empezar a escribir las páginas vírgenes del presente. No es que pretenda alcanzar la grandeza lírica de Quevedo en sus inmortales sonetos. No es que pretenda esbozar con trazos gruesos el contorno de las palabras. Es simplemente una poesía descarnada, lacerante, directa, como un golpe al mentón de cualquier púgil, que no deja indiferente a nadie, la libertad de un corazón desbocado, con la boca abierta a través de la cual huye la existencia hacia el papel, se cuela el mal aliento de la calle.

Acaso nuestro paso por este mundo consista en dejarnos matar tantas veces como espadas atraviesan nuestro cuerpo. Es la única fórmula de caer por el abismo y alcanzar el otro extremo, tan vacíos como libres, tan ansiosos por llenarnos, como tan aprensivos por borrar nuevamente nuestros perfiles. Para soportar la soledad y combatir la lucha diaria contra nosotros mismos, es saludable deshacernos al completo, con el fin de reunir las piezas otra vez, con la idea de encontrarnos con otro yo. Eso mismo hace Carmen Moreno y no tiene miedo a salir a la intemperie.

La literatura se convierte en una especie de terapia donde el poeta encierra sus fantasmas, donde tiende a refugiarse, cuando la voz se atraganta entre los dientes, cuando la piel es una diana en la cual se dibuja la sed impalpable de un desierto, cuando el mapa de carreteras aparece salpicado de piedras, como un tatuaje que nos deja en carne viva, cuando el alma no puede ni siquiera abrir los labios, sugerir la niebla carnosa de un beso. La literatura crece cuando se descompone el cuerpo, cuando es insoportable el silencio de la realidad. Cuando ha masticado tanto los huesos de la miseria que ya tan sólo queda el polvo del camino, unas huellas que se difuminan en el baile macabro del viento.

Carmen Moreno se cuestiona la valía del escritor en los tiempos que corren, en una sociedad en la que los héroes ya no existen y los mitos son estatuas de marfil sin vida propia. ¿De qué sirve ser honrado en un universo que muerde sin consideración los valores de siempre? La honradez es un modo de saltar a la palestra a pecho descubierto. Es un tipo de derrota que dignifica al que la sufre.

Carmen Moreno ataca sin piedad el carácter pusilánime de una ciudad como Cádiz, de unos ciudadanos que no han aprendido nada de su historia, de unos hombres que siguen cometiendo los mismos errores. Blasfema a viva voz, porque piensa que los dioses nos han abandonado, nos usan como trapos de sus juegos infantiles. Y, a pesar de todo ello, se niegan a derramar la inocencia.

La asunción de la pérdida es el primer paso hacia la victoria. Así se siente triunfante Carmen Moreno. De ese modo, sale el lector cuando se sumerge en sus versos. Cargado del frescor de la espuma. Llena el alma de vivencias, a pesar de ese olor a muerte, a cierta esperanza que se asoma tras la herida.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)

BSO Carmen Moreno

BSO

BSO (En Huida, 2016)

Este libro es un homenaje a las canciones que me han acompañado toda la vida. Una reelaboración en forma de poesía de esas canciones sin las que no podría entender mi existencia. Desde Joaquín Sabina a Frank Sinatra, pasando por Andrés Suárez, Paskual Kantero o Kai Etxaniz. Una mirada nostálgica y personal a todo lo que han cantado.

De lo Urbano y lo divino

De lo Urbano y lo divino (EmeGé, 2016)

De lo urbano es: los semáforos, los coches, la gente, los perros, la gente-perro, el cielo, el asfalto, la droga, el alchol, los placeres, la carne.

De lo divino: los dioses que se comportan como perros, más droga (que no nos comparten), la Biblia, tú, yo, Sara Montiel y, por qué no, los tocinos de cielo (el mismo nombre lo indica).

De lo urbano y lo divino es una revisión a 20 años de profesión, de escritura de versos, de mí, que soy asfalto, que he sido droga, que soy alcohol, que soy placeres y carne, que tengo perros y una áspera vocación por la palabra y las ideas.

Han sido 20 años de mierda algunas veces (por qué andarnos con tonterías), de alegrías y de éxtasis glorioso. Pero, sobre todo, han sido 20 años de poemas y de VIDA.

Tú, que eres urbano y divino, entra sin llamar, estás en tu casa. Lee, grita, arranca las páginas de este libro y di mi nombre en vano tantas veces como necesites.

ISLAS

ISLAS (Inédito con prólogo de Aute)

Todo es posible cuando le ponemos el corazón. Uno desea vivir la cara y la cruz de nuestra realidad, el anverso y el reverso de los sueños. El amor retorna entre la marea cotidiana de la vida y sus cenizas aún arden a pesar del tiempo y la distancia. No hay agua capaz de apagar la sed de dos cuerpos: y decidimos que la distancia / era tan sólo un infierno fugaz.

Los besos son como olas incapaces de repetirse en el espejo de las aguas, aunque aspiran a reproducir aquel eco que les dio sentido, el sentido de un eco que le recordará aquellos momentos: Resucitar, entonces, sería cuestión de / querer devolver a tus ojos / la imagen de una boca que / bebe de aquel recuerdo.

El deseo se pierde entre los recovecos azules de un vientre que nos invita a asomarnos al abismo, a la locura sana de despeñarnos por el barranco de la pasión, donde la desnudez de nuestra conciencia se alza como el objeto más amado de un naufragio, donde el calor da sombra al cuerpo en el que se inspira, donde los sueños se refugian en la piel de los amantes. El erotismo se derrama bajo la ternura del agua, entre el fuego de unas piernas que evocan el recuerdo. El amor es una manera sutil de lanzarse al suicidio de unas caderas o de unos labios. La vida es tan falsa a veces que la convertimos en auténtica para sobrevivir más allá del desengaño. Déjame que cuente mis propias historias, esas caricias del viento arrojadas a mi piel como limosnas, esa batalla perdida que me da la victoria, la conciencia limpia de amar a pecho descubierto. Los labios, las manos, las piernas, los cuerpos… se hacen eternos en la dicha de unos segundos: Hay pecados que bien valen un infierno.

De la nada irrumpe la vida para caer en el olvido y en el recuerdo. La muerte viene marcada por la presencia de un náufrago que desamparado recorre las aguas de la vida, se tropieza con la isla de la muerte. En estas islas hay piratas que deambulan por los mares en busca de sueños de agua y sal, de rebeldes que afrontan la vida con lo puesto para que la existencia tenga tiempo de contarles sus secretos. Así es el amor, un hombro en el que compartir los entresijos de la vida, un libro en blanco donde se escucha la monotonía del agua: el hombro en el que tantas veces él / había olvidado una leyenda de rutinas.

Una manzana muda abre el baúl de los pecados en un infierno tan ardiente que se asemeja mucho al fuego de la carne. La fortuna de la derrota radica en la idea de que ya no podemos caer más bajo y el profeta reaviva nuestros fracasos y nuestras nostalgias justo antes de que la vida empieza a dejar de tener sentido. El viaje es un modo de vivir otros mundos donde los personajes de cuentos infantiles salen a la palestra para enseñarnos la esencia de las sombras. No nos asombra una Caperucita llena de complejos ni un lobo cargado con el petate de los remordimientos, un lobo de corazón tan blando que teme más la soledad que la muerte.

Carmen Moreno Pérez se enfrenta al irremediable paso del tiempo que nos quita la inocencia de nuestros rostros nada más nacer. Define conceptos cargados de pesimismo o de realidad: Un corazón desangrado y muerto en un callejón. Confía en la esperanza de un suspiro, de un brote de caricia para sentir la necesidad de estar vivos. Los colores estimulan un arco iris de sensaciones que embriagan nuestros sentidos.

Sólo me queda decir que Carmen Moreno siente que la existencia se le escapa de la garganta, vive de nuevo entre sus versos y ante ellos doblo las rodillas en señal de aprecio.

Texto de la reseña publicada por Alejando Pérez Guillén (ver)