Nosotras no contamos todavía.

Cristina Fallarás es una mujer irreductible que pelea todos los días por un mundo más digno. Así podríamos comenzar hablando de ella, única en su especie.
Conozco a Cristina Fallarás desde que en una Semana Negra de Gijón alguien me la presentó y leí Así murió el poeta Guadalupe. Antes había publicado Rupturas y No acaba la noche, pero yo comencé a seguirla desde aquella novela brutal, realista y un tanto extraña en su planteamiento. Ya, después, lo he leído todo de ella: Las niñas perdidas, Últimos días en el Puesto del Este, A la puta calle y Honrarás a tu padre y a tu madre… No, espera, este último no he conseguido tenerlo nunca porque, no sé por qué extrañas razones del azar no se ha vuelto a reeditar.
Fallarás es habitual en tertulias políticas televisivas. Mujer, periodista, feminista, guerrera, problemática, tierna, sensible y hasta conmovedora.
Desde qaquella Semana Negra, no hemos dejado de ser amigas.
Luchadora incansable contra el odio. Si tuviésemos que describirla en una frase: Cristina Fallarás por un mundo más digno.
Con Cris siempre me han pasado cosas inesperadas. Hace poco estaba en un chiringuito de la playa, tomando una cerveza con una amiga y se me acercó otra chica. Me tocó el hombro, señaló el libro y me dijo:
-Me ha impactado el título. ¿Es tuyo?
-Sí porque lo he comprado, pero lo ha escrito una amiga.
Y, de pronto, me estaba contando su historia, la historia de una mujer hetero que se había enamorado de otra mujer y su marido estaba poniendo al mayor de sus tres hijos en su contra. Se le escapó una lágrima. Le tendí el libro y le dije:
-Ahora es tuyo.
-No, no, puedo aceptarlo.
-Créeme, la que no puede llevarse este libro a casa ahora, soy yo. Mañana me compraré otro ejemplar.
Me hizo que se lo firmara y me invitó a las cervezas sin decirme nada (todo muy Sabina).
Eso es lo que provoca Cristina Fallarás: MAGIA.

Fallarás es una de esas mujeres que ha puesto la cara para que le den a ella todas las hostias y evitar así que se las den a otras. Controvertida, siempre; lúcida hasta el infinito. Una de las mujeres más importantes e inteligentes que he conocido nunca. Su obra Ahora contamos nosotras, cuya reseña se publicará en Algunos Libros Buenos, es un mazazo de realidad.
Cristina Fallarás es una mujer irreductible y no es para todos los públicos, solo para aquel al que no le importa crecer, que quiere seguir avanzando.
Cristina Fallarás por un mundo más digno. No me cansaré de decirlo.
Cristina Fallarás es #palabrademujer

1.- ¿Quién es Cristina Fallarás?

Yo soy Cristina Fallarás. Entiendo, pues, que me estás pidiendo que me pregunte quién soy. Lo lamento, pero no puedo permitírmelo en este momento. 

Cristina Fallarás una de las autoras más comprometidas y productivas en la lucha por la igualdad
Cristina Fallarás es una de las autoras más comprometidas y productivas en la lucha por la igualdad.

2.- ¿Desde cuándo contamos nosotras?

Nosotras no contamos todavía. Hemos empezado tímidamente a relatar, pocas, comparativamente ricas, mayormente blancas, supuestamente libres. Hemos aprovechado las redes sociales para decir cuatro palabritas. Plácido Domingo, Harvey Weinstein, blablablá. Cuatro cagaditas de palomas de quienes se pueden permitir relatar, tener redes sociales, escribirlo, seguir viviendo sin que les muelan las costillas. Y a cambio, ¿qué estamos recibiendo? ¿Qué factura nos está pasando esa nadería? Pasado un tiempo deberíamos estudiar seria, clínicamente, lo que el odio (su respuesta precisamente a eso que preguntas) está suponiendo para nuestra salud, o sea para nuestra integridad física y mental.

3.-Imagina que vas por la calle y te para un tipo solo para insultarte por defender tus ideas en público, imposible, ¿verdad?

Trato de salir poco. Bajo a la calle, me recoge un chofer, me lleva a la tele, allí me recoge otro chofer, me devuelve a la puerta de casa. Esas son mis salidas habituales. En ocasiones, por necesidades evidentes, tengo que ir al mercado o a comprarle unos calcetines a mi hija. Entonces, prácticamente siempre, alguien me insulta o me intimida acercándose tanto a mí que no puedo respirar. Las veces que no pasa, da igual, porque el solo hecho de saber que es muy probable que suceda, hace que me tuerza el tobillo y me caiga. Me caigo de puro miedo. 

En ocasiones, por necesidades evidentes, tengo que ir al mercado o a comprarle unos calcetines a mi hija. Entonces, prácticamente siempre, alguien me insulta o me intimida acercándose tanto a mí que no puedo respirar.

4.-Tu literatura es salvajemente cruda, real y hace daño a los/as lectores/as porque los zarandea, abofetea, fustiga su conciencia y le hace plantearse cosas, ¿no has pensado nunca en escribir algo más light para vender más?

“Para vender más” pongo el culo y la jeta a diario en los platós de las televisiones. La literatura es el único sitio que me queda para creer que existe una posibilidad, una vida que no triture tanto a cambio de ser vivida. 

5.- ¿A qué le tienes más miedo en esta vida?

A dejar en herencia el miedo, el silencio, la cobardía, la tibieza o la impostura. O sea, a la maternidad.

6.-¿Por qué sigues peleando si ya todos/as somos iguales y tenemos los mismo derechos?

Creo firmemente en la posibilidad de construir una sociedad austera y culta. Creo que tenemos, por primera vez quizás, la posibilidad de hacerlo. Pero sobre todo, no soporto la crueldad. Es una cuestión económica. Los derechos son una idea abstracta que parte de un supuesto pacto social en el que, por supuesto, no participó la mayoría de la población. Hemos llegado a un punto en el que la evidencia de la desigualdad como modelo elegido me resulta insoportable. Peleo por no matarme.

7.- Hace unos años una editorial publicó la novela de un autor en la que se te insultaba abiertamente, creo que no quedó un adjetivo descalificativo que pudiera lanzarte, ¿qué te dice eso de determinadas prácticas editoriales?

Hablar de ello significaría considerarlo relevante. Me lo he planteado, hace nada. Y he rechazado la posibilidad. ¿Cómo dar espacio a la infamia?

8.- ¿Qué deseas que encuentre tu hija en el mundo?

Lo mismo que mi hijo. Deseo que mi hija y mi hijo encuentren herramientas para mirar el mundo a la cara sin engañarse, enfrenten la brutalidad, la asuman y la combatan, si es eso lo que deciden. Lo que deseo para mi hija y mi hijo, si me alejo, no es demasiado relevante. Es un deseo mío. Yo soy. Ellos son. Si me volcara en ese “deseo” al que aludes, ejercería una tiranía, una voluntad de exigirles. Un poco más arriba te he dicho que lo que más temo es la maternidad. Me refiero a mi forma de ser, no a la de ella o él. Ellos son. Serán el fruto de muchísimas raíces. La mía consiste en ser. 

Hemos llegado a un punto en el que la evidencia de la desigualdad como modelo elegido me resulta insoportable. Peleo por no matarme.

9.- Literatura y vida, ¿deben estar implicadas e imbricadas, o para qué mezclar las churras con las merinas?

Esa dicotomía no es relevante. La belleza es relevante, la chispa de belleza que produce el pensamiento franco, la inteligencia… Iba a decir la inteligencia desatada, pero dejémoslo en todo lo desembridada que se pueda. ¿Qué es la vida? ¿Relato o alimento? Lo pregunto en serio. 

10.- Cuéntanos qué ha significado #Cuéntalo

Una habitación. Un espacio abierto donde las mujeres podían contar las agresiones sufridas y ver cómo las contaban otras mujeres, y aprender con ellas y a través de ellas a contarlas, y dejar de sentirse únicas y mudas… Algo que, con el nuevo odio en la política y en las redes, pero sobre todo en la realidad, ya sería imposible de hacer.

Ahora contamos nosotras. Anagrama, 2020.
Cristina Fallarás. Ahora contamos nosotras. Anagrama, 2020

11.- Quiero decirte una cosa, Cristina, yo sufrí abusos sexuales de pequeña, ¿y ahora qué? ¿Qué hago con el dolor y la impotencia?

¿Cuántas cajas de pastillas manejas al día? ¿Recuerdas todas y cada una de las veces que te has agredido? No soy yo quién (¿alguien es quién?) para responder a esa pregunta. Te cuento mi experiencia al respecto, que también la tengo. Se nos dice que el simple hecho de enunciar “yo sufrí abusos sexuales de pequeña” es una sanación. Y una mierda. Por supuesto es un paso. Sin embargo, como en el asunto del odio que recibimos, creo que dedicamos muy poca atención a las “consecuencias” físicas. El cuerpo. El dolor está ahí, forma parte de mí, de ti. No estamos construidas de felicidad y placer. Somos dolor. En cuanto a la impotencia, yo creo en la venganza.

Amar me parece una forma de cuidar sin condiciones, y sin expectativa de respuesta.

12.- Recuerdo que cuando acabé Ahora contamos nosotras, te mandé un wassap en el que te decía: “Acabado. Y qué hago ahora, lloro, grito? Te amo, Fallarás. Te amo por muchas razones pero sobre todo por el dolor”. Solo quería decirte, que hace mucho que te amo.

Amar me parece una forma de cuidar sin condiciones, y sin expectativa de respuesta. Es bueno porque nos hace buenas. Hay un empeño que yo me repito cada vez que tengo tiempo para mirarme: “Ser mejor, mayor, más valiente”. Amar es sin duda una forma de avanzar en eso. Y sí, yo también te quiero. 

Otras entrevistas que puedes leer en #palabrademujer Pilar Pedraza